Rápido Repaso

Los límites vuelven a expandirse y la elección es mía. Estoy ante una nueva división del camino y esta vez las opciones no son dos, son cuatro, cinco, mil, y cada una con sus infinitas ramificaciones, con sus posibles intersecciones, con sus sabidas combinaciones. La elección se presenta diferente. La óptica es otra y el parabrisas me refleja intensamente. En realidad no son cuatro los caminos, son tres más mi elección, esa donde sólo importo yo, donde yo debo unificarme para seguir adelante como bloque y no como un ente divisor y clasificador de experiencias.

Las opciones son todas magníficas y se presentan exitosas siempre. Qué es lo que determinará, entonces, el camino a seguir. Lo refractario de mi parabrisas me indica que esta vez el yo nunca será más primordial. La ausencia de necesidad me deja transitar sin carga y el fluir de la verdad pide enloquecidamente la sinceridad absoluta, esa que no supo trabajarse a tiempo. Cuanta verdad existía en aquello que ella prefería saber, pero cómo decírselo si ni siquiera yo lo sabía. ¿Si lo intuía? Quizás... pero igual no lo sabía.

Escucho una vez más a esa “mitad” que descubrí hace muy poco tiempo y, además de sentir una profunda y sincera tristeza, vuelvo al pensamiento que me dice que los dos ramales principales de esta vida nos llevan a los mismos destinos, aunque se pueden apreciar en caras diferentes. La autopista del norte no deja de organizar, la del sur, de sentir. Pese a que mi espíritu siempre se orientó al sur, elegí transitar la del norte. Interpreté muy bien mi punto de partida y me fijé el objetivo.


Siempre supe que todo tiene un precio y que nada me hará pagar más de lo por mi estipulado como máximo. Gracias a todo lo aprendido en aquella organizada autopista, donde mi superyo aún medita, hice cálculos -no tan exactos- del costo del combustible en la autopista del sur y la respuesta fue inapelable: el nuevo camino sería el sur.

Comencé a creer que no hay bien ni mal, pero si mejor o peor, aunque estos no tengan connotaciones sobre lo positivo o lo negativo. Mientras no pueda dejar de pensar, algo que no estoy seguro de querer hacer, seguiré aplicando y usufructuando los conocimientos adquiridos. El sentir sureño me sorprende ¡puede no ser llano! Existen fuerzas ocultas que igualan los corazones intrincados y curiosos con las neuronas hiperactivas.

A la seguridad de que la explicación que nos dan sobre el todo es completamente inexacta, en referencia a algo totalmente desconocido, mi conciencia calificadora ya no puedo callarla. La luz, el alma, el espíritu, o como se quiera llamar, se conectan por conductos que escapan a la lógica. No existe cañería capaz de transportarla, aunque sin embargo, y afortunadamente, llega a destino. Es que en realidad no es llegar, sino estar. Aquí las cosas no salen y llegan... Me sorprendo, me detengo, avanzó, retrocedo, pero sea cual sea la acción que registre siento que siempre es mejor.


Reconozco que ya no sabré más si no empleo el corazón y la correlatividad está saldada; el sentimiento de conocer que cada día sabré que sé menos no me derrota, sino me alienta. Cuanto más sepa más podré soportar que lo ya visto no se puede ocultar, que lo que sé que me falta no es una utopía, sino una forma de transitar la vida.

Vuelvo a la triple alternativa y se que cada uno de los caminos sabrá que si o si seremos muchos quienes los transitemos: Mis múltiples yo y tus múltiples vos.
Aquel camino que se atreva a invitarnos será el que transitaremos.

