
A medida que vamos superando etapas en el amor vamos aprendiendo a ver lo que nos pasa cuando sentimos, vamos entendiendo de qué se trata cada emoción y así vamos calificando nuestro ser de acuerdo al sentimiento. Luego somos capaces de saber cuáles etapas vendrán a continuación de la presente, y así perfeccionamos nuestra capacidad amatoria. Sabemos porqué nos enfadamos, porqué ignoramos, porqué soñamos, pero difícilmente sepamos porqué nos emocionamos. Pese a ello aprendemos a amar. Maduramos. Planificamos nuestro amor y lo hacemos pareja. Coordinamos nuestras acciones y pensamos como ponernos de acuerdo. A veces lo logramos y tenemos una gran Pareja... aunque ya no Amor.
I
El límite no lo determina uno por sí mismo, lo determinan todos. Quiénes pretenden marcarlo y quienes aceptan esta marca. Jugamos a conseguir el poder individual bajo las reglas de lo grupal. Infames. Cuando uno sobrepasa el límite es porque el otro no corrió el suyo, entonces queda un terreno dividido, donde nada crecerá. Ya no nos sirve a ninguno, pero aún así peleamos por él, queremos sumar otro peso a nuestra acumulativa carga. Pero quien cede gana, corre su limite hacía otra dirección y disfruta de la tierra productora, lejos de la compartida improducción.
IILa realidad nunca es buena o mala por sí misma, depende del estado que tengamos. Lo más maravilloso puede convertirse rápidamente en miserable, en un paso atrás, en involución si estamos derrotados en nuestro ser interior. Cuando nuestro corazón

sonríe y está radiante sentimos que hemos avanzado, que hemos logrado evolucionar hacia un paso más elevado... hacía lo que deseamos para nuestras vidas. Entonces nos aseguramos a nosotros mismos que ese es el camino, y que todos deberían tomarlo. Nos sentimos vencedores de nosotros mismos y cantamos nuestra felicidad. Pero si caemos derrotados, si el corazón se ensombrece, creemos que hemos caído en una trampa, que no supimos ver la realidad, que somos culpables de haber creído que por allí deberíamos ir. ¿Acaso la acción no es la misma? ¿Por qué somos tan neuróticos?
Ahora entiendo para qué existe el psicoanálisis.